top of page

Como antes

  • 20 abr
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 22 abr

Estas vacaciones Valdo y yo nos volvimos a reír como antes. Pero antes antes. Antes de tener hijas. Un tiempo que se siente lejísimos.


Pudimos volver a conectar como hace mucho no lo hacíamos.


La verdad es que la vida en pareja no ha sido como antes desde que llegaron las niñas. Nos convertimos en mamá y papá, y los roles de pareja pasaron a un plano que aparentemente nunca encontraba lugar. Siempre peleaba el primer sitio la lista interminable de tareas: cuidar, cambiar, apapachar, llevar, empacar, regañar, limpiar… y muchos más “ar’s”.


Nos mudamos de país cuando nació Lua y cambiamos de casa varias veces antes de instalarnos en la de ahora. Tanto movimiento externo sumado al desgaste de criar ha hecho que saquemos nuestras versiones enfocadas en arreglar, negociar, resolver y educar.


Estas vacaciones, contra todo pronóstico, encontramos esos espacios para sentarnos a tomar una copa junto con unos cacahuatitos, y platicar sin tener que resolver nada. Solo por el gusto de comentar cualquier cosa y estar. Qué rico encontrarnos otra vez en historias, argumentos y risas compartidas.


Me hace pensar en los distintos papeles que hemos ido jugando: novios que salían a comer, compañeros haciendo hogares en distintos países, socios que construyen un patrimonio y, el más importante, papás. Aunque me siento afortunada de sabernos una pareja que puede malabarear tanto papel,  tengo que confesar que a veces se sentía como si nos hubiéramos ahogado entre tantos sombreros.


Es fácil perder el placer de compartir la vida bajo la presión de tener todo resuelto para ayer: “¿Ya hiciste esto? ¿Ya resolviste aquello? ¡Debemos pagar esto!”.  Muchos “estos” que alejan los momentos donde realmente puedes compartir y disfrutar.


Desenmarañarlos ayuda a entenderlos como lo que son: necesarios en distintas etapas de la vida.


Creo en lo más profundo que nos elegimos bien. Y, aunque hemos sido capaces de desempeñar todos esos papeles que se sienten tan necesarios en la vida diaria, tendremos que trabajar más en soltarlos de vez en cuando. Confiar en que las niñas van a estar bien, la casa va a salir adelante y la vida se va a resolver...


Siempre y cuando no nos falte el vinito y los cacahuatitos juntos. Como antes.



Comentarios


¿Quieres leer más historias? 

bottom of page