top of page

Cuatroojos

  • hace 5 días
  • 2 Min. de lectura

Hace una semana fui al oftalmólogo y me confirmó lo que me temía. Antes de ir, agoté todas las autoprescripciones posibles, llevando mi salud visual al límite, meramente por un tema de vanidad.


No sé de dónde salí vanidosa. Bueno sí, sí sé: de mi mamá. Siempre ha sido una mujer guapa. Desde que tengo memoria la han chuleado. Yo no heredé su gran estilo ni la disciplina de arreglarme todos los días, pero sí la suficiente coquetería como para no querer tapar mi cara con unos armazones metálicos.


Llevo 13 años usando lentes de contacto y mi salud visual está bastante deteriorada. Entre una conjuntivitis perrísima provocada por torturar a mis ojitos con esos mini plásticos y un diagnóstico de ojo seco, ahora me veo en la penosa necesidad de usar lentes de armazón.


Me chocan. Los detesto. Me provocan la misma reacción que a mi hija de tres años cuando algo le da asco: Biaaaaaghhhhh.


No encuentro una sola referencia de alguien a quien le queden bien. Sinceramente creo que a nadie le favorecen. Las caras son para mostrarse, no para esconderse detrás de tubos metálicos que acentúan cada una de nuestras facciones.  Pido perdón a todos los cuatroojos inocentes que hayan caído en este texto, pero esta es una verdad universal: todos nos vemos mejor sin lentes.


¡Qué exagerada! ¿verdad? Son solo lentes. Pero en realidad implican cambiar mi cara y rehacer la tarjeta de presentación que todas las personas tienen de mí.


Lo único que me consuela es utilizar los lentes como micas nuevas que me ayuden a darle un giro a mi vida. Salirme un poco del día a día de mamá y empezar a buscar nuevas historias. ¿No les pasa? A veces siento que me hace falta un giro importante, algo que despierte otra vez una energía nueva.


Siento que a lo largo de los últimos años he ido cambiando y mudando de piel. Que estoy en una etapa de transición incómoda que todavía no acaba de cuajar. Como cuando lo único que tienes claro es lo que no quieres, pero sin pista alguna sobre lo que sí quieres.


Pienso que estos nuevos lentes podrían mostrarme primero ese rostro interno que se ha ido transformando. Uno que, de cualquier forma, ya no encajaría del todo en las supuestas tarjetitas que el mundo guarda de mí.


Tal vez esto nunca fue sobre los lentes.



Comentarios


¿Quieres leer más historias? 

bottom of page