Vuelta al lago de Chapultepec y Mercado de San Juan
- hace 5 días
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En realidad queríamos ir al Mercado de San Juan, pero pensamos que llegar directo con las niñas no era la mejor idea. Se nos ocurrió primero dar una vuelta por el lago de Chapultepec para que llegaran un poco más cansadas. Yo además quería estrenar el nuevo triciclo de Max.
Lua llevaba su patín del diablo y Max intentaba seguir el ritmo en su triciclo rojo. Fuimos un domingo en la mañana, después de desayunar.
Empezamos a darle la vuelta al lago y paramos en uno de los primeros puestitos a comprar cereal para alimentar a los peces y patos. No estoy segura de que sea buena idea darles eso, pero es, sin duda, el highlight del paseo con niñas. Max estaba feliz, lanzando el cereal al agua y guardándose algunos cuantos para comérselos.

La vuelta en patín se pasa rápido. En unos 30 minutos ya estábamos casi del otro lado del lago. Paramos en el kiosco que está afuera del restaurante Lago Algo. Es una gran opción para descansar, tomar algo e ir al baño sin tener que entrar a comer en el restaurante. La entrada es muy linda, tiene una fuente redonda con plantas colgantes.
Terminamos la vuelta y nos fuimos al Mercado de San Juan.
Max no se durmió y llegó, como era de esperarse, a medios chiles. Nos estacionamos a la vuelta y caminamos al mercado. La verdad nos lo imaginábamos más grande.
Recorrimos algunos pasillos antes de sentarnos. Frutas y verduras, quesos y carnes frías, mariscos, semillas y condimentos, carnes exóticas y muchos bichos sumergidos en chocolate… de esos lugares donde todo llama la atención. Para Lua fue divertido, sobre todo por el tamaño de los alacranes y las víboras.
Después nos sentamos a comer. Tal vez lo haría al revés: primero comer y luego recorrer. Hay algo en ver todo antes que te revuelve un poco la idea de lo que viene. Aun así, valió la pena por los mariscos que comimos en el El Sirenito. Un restaurante dentro del mercado donde todo estaba buenísimo.
Yo me quedé con ganas de probar las baguettes de quesos y carnes frías, pero me desquité comprando unos quesos buenísimos para la casa.
No sé si regresaríamos. No es el mercado más bonito, pero el plan funcionó. Lua siguió todo el día diciendo que su papá se había comido un alacrán. En realidad eran grillos, pero esta vez preferimos no corregirla.


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